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Seguramente os resultará un debate manido, pero no puedo dejar de estar tristemente consternado semana tras semana viendo como se produce en mí un sentimiento de hastío y casi de desamor hacia el deporte que tanto que venero como es el baloncesto, por culpa de la dejadez de casi todo lo que rodea a la ACB.

Que el sistema decompetición de la Liga Endesa está obsoleto desde hace bastante tiempo lo saben hasta en la luna, a excepción de quienes están al frente de reflotar nuestra liga ya que o bien no se han enterado muy bien de que está película ya no es un éxito de taquilla o están entretenidos con otros menesteres que les hacen obviar que la liga es un juguete roto al que le hace falta una gran puesta a punto para volver a entretener y divertir.

Son muchas las voces que señalan que la fase regular no sirve prácticamente para nada y no les falta razón. Yo mismo este año no la sigo como antaño porque mi subconsciente me dice que no pasa nada, que cuando hay que estar delante del ordenador o tv es en febrero (Copa del Rey) y allá por el mes de mayo (playoffs), que son más importante las obligaciones cotidianas que ‘perder’ el tiempo con un partido que a fin de cuentas no me aportará nada a excepción de un par de jugadas espectaculares, si es que llegan a producirse, y que espectáculo y sobre todo la emoción hace tiempo que se esfumaron de las canchas españolas.

Si a un servidor, que respira baloncesto por los cuatro costados, le ha invadido este sentimiento de dejadez, no quiero llegar a imaginar cual será la sensación producida en otros aficionados no tan amantes del baloncesto y que de vez en cuando miran de reojo hacia el deporte de la canasta. Y es que debemos partir de la base de que a esto hay que darle un vuelco de 180º ya, y cuando digo ya no es mañana, pasado o para dentro de unas semanas. Es hoy, desde el minuto cero, cuando nuestras cabezas pensantes deben estrujarse el coco para encontrar la fórmula del éxito, ese sistema de competición de vuelva a ilusionarnos a todos y que lleve consigo el enganchar nuevos adeptos, sobre todo gente joven y a ser posible niños que son el futuro de nuestro deporte. Un sistema en el que cada partido sirva para algo y no para poco más que rellenar una temporada hasta el mes de mayo.

Pero no solo chirría el sistema de competición, el cual habría que acortarlo no sé si con divisiones estilo NBA o vete a saber, también todo lo que rodea a la ACB y me explico. No es de recibo que los jugadores resulten prácticamente inaccesibles para muchos medios porque sus clubes ponen mil trabas a la hora de realizar una simple entrevista de cinco minutos. Aunque este es un tema muy espinoso que dependiendo del nombre del medio si tendrá o no acceso.

Tampoco es lógico que los medios no puedan acceder a los vestuarios tras el partido para entrevistar a los jugadores porque se les ¿molesta? ¡Por favor! Por no hablar del poco producto que se le saca al merchadising tirando de camisetas retro y/o conmemorativas, y otros materiales deportivos infravalorados o poco utilizados por los clubes.  

Y es que si nos ponemos a pensar hay miles de cosas que chirrían en nuestra ACB: la falta de identidad de los clubes con tantos jugadores de idas y venidas, el fraccionamiento de los horarios en cada jornada, el miedo de los entrenadores a perder y por tanto arriesgan lo mínimo, la falta de ideas de los clubes para reinventarse ante la escasez de patrocinios y subvenciones públicas, la poca inventiva de los clubes para acercar a sus jugadores a los aficionados, la mísera apuesta por los canteranos (no olvidemos que inconscientemente no gusta ver jugadores de la casa en nuestro primer equipo), nula memoria con los jugadores que en su día aportaron su granito de arena a la competición, la poca cercanía –en la mayoría de los casos- de los protagonistas (jugadores, entrenadores y directivos) en las redes sociales, la casi inexistencia de la ACB en los medios televisivos, reglamento obsoleto o de despiporre, la mala gestión de los derechos de imagen, poca o nula rentabilidad de los ingresos percibidos, mala repartición del pastel ACB entre los propios clubes, poco provecho de los eventos, etc…

Hay mil y una formulas para llegar hasta el aficionado medio, para ilusionar a la gente, para reenganchar a los viejos roqueros como yo, para rescatar a las ovejas perdidas… Pero mientras muchos se estén mirando el ombligo en lugar de buscar soluciones directas y posibles, nuestra liga seguirá siendo un circo con buenos mimbres pero mal gestionados y con pinta de ser olvidada lenta pero paulatinamente.

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