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El 27 de octubre de 1986 Drazen Petrovic estaba superado por los acontecimientos. Solo unos días antes se imaginaba vestido con la camiseta del Barcelona. Es más, lo dejaba entrever ante la insistencia de los periodistas que no hacían más que preguntarle por su futuro.

En su día se le había quedado pequeño Sibenka, y por eso se marchó a Zagreb. Pero al igual que se natal Sibenik, la Cibona ya no colmaba sus aspiraciones tras lograr un baño de títulos y de multitudes, y su ego competidor le pedía un nuevo desafío, uno más grande con el que saciar su sed y el Barcelona parecía el destino perfecto para hacerlo.

El temor a que oyera los cantos de sirena de la NBA y por tanto no pudiese vestir nunca más la camiseta de la selección de la yugoslava, por aquella época existía esa normativa un tanto estúpida, hicieron claudicar a las autoridades yugoslavas forzándolos a la concesión de los permisos pertinentes para que Drazen pudiese desembarcar en Europa, y España fue la ganadora de tal privilegio.

Todo estaba hecho para que se comprometiese con el Barça, solo quedaba el mero formalismo de firmar el contrato, y la idea de seguir siendo la pesadilla del Real Madrid le atraía muchísimo. Pero el destino le tenía preparado a Drazen otra historia, otro desenlace, un cambio brusco y repentino que no esperaba y que le dejaría un tanto descolocado.

Se acercaba el 27 de octubre, lunes, cuando su agente le planteó un inesperado cambio de planes que dejó a Drazen desconcertado. Sin tiempo a reflexionar, tenía que decidir cambiar la Ciudad Condal por la Capital de España, incorporarse a la plantilla del Real Madrid dónde muchos de sus integrantes no le recibirían precisamente con los brazos abiertos. El tiempo obligaba a que se realizase todo contrarreloj, porque ‘su’ Cibona viajaba a Barcelona para disputar el encuentro de vuelta de la Supercopa que enfrentaba al Campeón de Europa contra el Campeón de la Recopa. En ese viaje tenía que concretarse su fichaje por un equipo u otro.

Pero el Barça había perdido su oportunidad y ahora era el Madrid quien tomaba la delantera en una operación relámpago. Los blaugranas desaprovecharon su oportunidad en Zagreb, en el partido de ida, y ahora los blancos jugaban sus bazas. En cinco días prepararon el contrato y cuando la expedición de la Cibona tomó tierra en el aeropuerto de Barajas para enlazar con otro vuelo con destino a Barcelona, una delegación del Real Madrid ‘secuestró’ al jugador y a su entrenador, Mirko Novosel, su padre deportivo. En dos horas la operación quedó cerrada y Petrovic estampó su firma en el contrato que le uniría al Real Madrid por cuatro años a partir de la temporada 1988/89, siempre y cuando la Federación Yugoslava diera el ok (ya estaba más que acordado) para que Drazen pudiese jugar fuera de su país.

El entonces presidente del Madrid, Ramón Mendoza, avisó urgentemente a Lolo Sainz, el entrenador aquella época del equipo, para que estuviese presente en el fichaje del ‘siglo’. Y como no podía ser de otra manera, Mendoza se llevó al jugador a almorzar a un prestigioso restaurante cercano al Santiago Bernabéu para celebrar al acuerdo, al tiempo que informaba a la prensa del fichaje.

El Madrid había hecho de su gran rival su gran aliado. Y para demostrarle al jugador que no se había equivocado con su decisión, su madre recibió en Zagreb en ese mismo día un monumental ramo de flores. “Mama casi se desmaya. De repente le trajeron un inmenso centro de 150 rosas que casi no cabía por la puerta”, relataba un Drazen entusiasmado con tan galante gesto.

Justo después del acto de la firma, realizado en la sala de trofeos del estadio Santiago Bernabéu, Drazen explicaba: “Todo se hizo en diez días. La directiva del Barça se había comprometido a traer el contrato para la firma a Zagreb, aprovechando el partido de ida entre Cibona y Barcelona. Pero en lugar de eso, me ofrecieron un par de meses de espera hasta que se arreglara el asunto con los cuatro extranjeros de fútbol, se equivocaron en cuanto a sus posibilidades económicas. Lineker, Hughes, Schuster y Archibald, de los cuales dos no podían ni estar en el banquillo. El caso más conflictivo fue el de Schuster, que había tenido problemas con el presidente y por ello había sido relegado al segundo equipo cobrando una ficha astronómica. Yo les dije que no estaba dispuesto a esperar… Pero nunca imagine que en dos semanas firmaría por el Madrid”.

El club blanco no lo dudó un instante, decidieron hacerse con el jugador que tantos quebraderos de cabeza les había dado, con la bestia negra que había catapultado a la Cibona a ganarle los últimos cinco enfrentamientos al Real Madrid sin que los blancos tuvieran muchas opciones para remediarlo.

“Solo tres días antes de salir hacia Barcelona a disputar el partido de vuelta contra los azulgranas, recibí una llamada del Real. Nos dimos cita en Madrid porque el avión hacia escala en la capital de España” relataba por aquel entonces un maravillado Drazen por lo sucedido, sentando cómodamente en su habitación del hotel President, en la avenida Diagonal, adornada con banderas recién izadas en horno a los Juegos Olímpicos que se iban a celebrar en Barcelona en 1992. “No presté mucha atención en un principio a aquella llamada desde Madrid, pero cuando me reuní con los directivos del Real todo sucedió muy rápido, todo estaba tan bien preparado y elaborado que no pude decir no. Me agradaron todos los detalles y decidí no alargar más asunto. Barcelona se llevó los Juegos Olímpicos y el Real Madrid se llevó a Drazen Petrovic e hizo bueno el refrán de que, si no puedes vencerle, únete a él” bromeaba Drazen… “Ahora ya no seré el enemigo del Madrid, que ha hecho lo único que le podía salvar…” volvía a bromear Drazen entre risas.

Aquel 1986 fue el año de consagración para Drazen. Campeón de Europa con la Cibona, tercero del mundo con su selección en el Mundial de España, siendo proclamado mejor jugador, y también el mejor europeo según el diario italiano ‘La Gazzeta dello Sport’. Con tal aluvión de títulos y reconocimientos personales, se le abrieron muchas puertas, y una de ellas era la ansiada NBA, el sueño imposible (por aquella época) de los jugadores europeos.

Drazen Petrovic y su padre deportivo, Mirko Novosel, llegando a Zagreb con la Copa de Europa

Drazen se había convertido en el objetivo de varias franquicias de la NBA: Celtics, Bullets, Rockets, Blazers… Al finalizar aquella temporada el nombre de Petrovic, o mejor dicho, como estaba escrito en el Draft, “Dragan Petrovic”, apareció en la tercera ronda del Draft de Portland. Sin embargo, el 27 de agosto Drazen desestimó una oferta de los Trail Blazers de 75.000 dólares por una temporada, dejando escapar también la oportunidad de ser el primer jugador yugoslavo en jugar en la NBA.

“Habría quedado descartado para jugar en la selección, como le sucedió a Fernando Martín. Era muy importante desembarazarnos de los americanos cuanto antes. Eso solo era posible firmando por un equipo europeo, preferiblemente de España o Italia”, relataba Drazen.

El Barcelona fue el primero en entrar en la negociación, aceptando la propuesta de José Antonio Arízaga, agente del jugador y amigo de Mirko Novosel. “Fue antes del Mundial de España, durante el congreso de la FIBA, en Barcelona. Cenamos juntos dos directivos del Barça, Arízaga y yo, en el hotel Princesa Sofía, y entonces planteamos el tema de Drazen por primera vez. Yo les dije que Drazen terminaba el compromiso con la Cibona en 1988 y que definir su futuro en un contrato con dos años de anticipación sería muy útil. En un principio concertamos las condiciones de su traspaso al Barcelona y nos dimos cita para primeros de septiembre en el torneo de Puerto Real”, recordaba Mirko Novosel.

“El Barcelona andaba muy interesado por concretar el acuerdo y en la reunión en Puerto Real presentó a Drazen el borrador del contrato de cuatro años y un millón de dólares. La prensa española reaccionó pronto y publicó la noticia del sensacional fichaje de Drazen por el Barça. A la noticia se le dio mucha publicidad en Yugoslavia, a la vez que los directivos de la Cibona y del Barça se ponían de acuerdo sobre la celebración de los dos partidos de la Supercopa. La formalización del acuerdo entre Drazen y el Barça parecía poco menos que una formalidad. Prácticamente un hecho. La afición del Cibona no tenía, en principio, nada en contra. Habría sido una lógica continuación de la trayectoria de su querido jugador. Las intromisiones del presidente de al Virtus Bologna fueron rechazadas inmediatamente…” seguía relatando Novosel.

“La conclusión de la reunión en Puerto Real fue que Drazen y el Barcelona firmarían el contrato en el partido de ida, en Zagreb, y que así se cerraría el asunto. Pero siete días antes del partido el Barça pidió, a través de José Antonio Arízaga, hacerlo más tarde, justificando la petición por problemas que el club tenía con los futbolistas extranjeros. Nos molestó la vacilación del Barcelona, no por el anticipo que Drazen tenía que recibir, sino por la próxima gira que realizaría por los EE.UU. y que podría ser aprovechada por los Blazers para intentar convencer a Drazen para que se fuera a la NBA. Queríamos evitar eso a toda costa” terminaba de relatar Novosel.

Al enterarse de la indecisión del Barcelona, el Madrid reaccionó inmediatamente. Antes del partido entre Cibona y Barça le llegó a Novosel una carta de Ramón Mendoza en la que el presidente blanco le expresaba su interés por los servicios de Drazen.

“Si el Barcelona hubiera llevado en su momento el contrato, Drazen lo hubiese firmado. Sin duda alguna. Pero no quiso esperar. Por mediación de Arízaga notificamos a Mendoza que estábamos dispuestos a negociar” volvía a relatar Novosel.

En el aeropuerto de Barajas Drazen y Novosel se separaron del resto de la expedición de la Cibona. Se reunieron con Mariano Jacquotot, directivo del Madrid, y José Antonio Arízaga y sin efectuar las formalidades aduaneras se dirigieron en coche hacia el estadio Santiago Bernabéu. Allí les esperaban Ramón Mendoza, Raimundo Saporta, dos abogados y un contrato, esmeradamente elaborado, de doce páginas.

“Fue una sorpresa, pero como no tenía ninguna objeción al contenido del contrato lo firmé. Recibí un cheque de 50.000 dólares y unos fuimos todos juntos al restaurante ‘José Luis’. Novosel puso solo una condición, que no se hiciera pública la noticia del fichaje hasta pasado el encuentro de Barcelona, pero el Real Madrid no quiso esconderlo. A la salida del restaurante nos esperaba un fotógrafo y en el aeropuerto había unos cuarenta periodistas…” contaba Drazen.

La escena se repitió en el aeropuerto de El Prat, y unas horas más tarde un diario barcelonés publicó en su portada: “El Madrid le quitó al Barcelona la firma de Petrovic”. El titular daba mucho juego y ejemplo ello fue que parte de la afición blaugrana se lo tomó como una traición de Drazen, sin saber toda la verdad sobre la historia.


Aunque el contenido del contrato era un secreto, se filtraron las partes más importantes del mismo. Drazen cobraría por su compromiso de cuatro años más de un millón de dólares, aparte de los contratos de imagen con distintas firmas comerciales. Además el club le obsequió con un Porsche, un piso y tantos billetes de avión Madrid-Zagreb-Madrid como fuesen necesarios. Es decir, se le pagaban todos sus gastos a excepción del teléfono. Según el propio Mendoza, todo eso no mucho (incluyendo la indemnización para la Cibona y la Federación Yugoslava) no era demasiado para el “Mozart del Basket”.

Tras conocerse la noticia la reacción de los jugadores y ex jugadores del Madrid fueron bien distintas. Mientras Fernando Martín, por entonces en la NBA, daba el visto bueno al fichaje: “Francamente satisfecho por la llegada de Petrovic, es un gran jugador, y gracias a su inteligencia, corregirá su a veces irritante comportamiento”, otros jugadores no estaban precisamente felices con la próxima llegada de Drazen. Corbalán, por ejemplo, señaló que jugadores como Petrovic ya los había tenido el Madrid e Iturriaga fue más allá: “No sé si le estrecharía la mano al encontrarle”.

A Petrovic no le inmutó lo más mínimo aquel posible ‘buen’ recibimiento por gran parte de la plantilla blanca: “Esas declaraciones son absurdas. Dentro de un par de años Corbalán habrá dejado de jugar al baloncesto e Iturriaga estará a punto de finalizar su carrera”.

Pero no solo las críticas vinieron desde Madrid. En Yugoslavia también hubo personas a las que les escoció la salida a Europa de Drazen. Jugadores como Kicanovic, Delibasic o Jerkov no pudieron salir de su país a tan temprana edad (23 años) y dieron la enhorabuena a Drazen de forma sarcástica: “Buen viaje a Petrovic, que lo pase muy bien”. Creían que era una injusticia dejar a Drazen marchar al extranjero cuando a ellos se lo habían prohibido, pero alguien tenía que ser el primero en abrir la veda… No quisieron verlo de esa manera.

En Yugoslavia no existían limitaciones de edad, ni de otro tipo, para salir del país. Cualquier ciudadano podía irse a trabajar al extranjero cuando lo deseara, excepto los deportistas. “Se están preparando nuevas regulaciones para rebajar el límite de edad para los jugadores, y aún no aprobándola hasta 1988 la Federación hará una excepción conmigo. Mi contrato con el Real Madrid incluye la cláusula de permitirme la participación con mi selección en cualquier partido o evento. Eso tendría que bastar a los dirigentes del baloncesto yugoslavo”, manifestaba Drazen con respecto a esa absurda normativa de entonces.

Su caso fue tratado como algo muy específico. Habiendo reunido todos los documentos necesarios (la carta de libertad de la Cibona, el permiso de la Federación Croata y el permiso del Comité Técnico de la selección nacional), la presidencia de la Federación de Baloncesto Yugoslavo votó a su favor en la reunión mantenida un sábado 11 de junio de 1988. A partir de aquel día histórico, Drazen era formalmente jugador del Real Madrid. “Se ha aprobado su petición por sus méritos en la Cibona, por su entrega ejemplar en la selección y por la reputación de su nuevo club”, declaraba Zarko Varajic, ex internacional del Bosna y ahora presidente del Comité Técnico.

Tres días después llegaron a Zagreb Pedro Ferrándiz, el adjunto a la gerencia del Real Madrid, José Luis Serrano, y el agente José Antonio Arízaga, para cerrar los últimos flecos con el presidente de la Federación Yugoslava, Miodrag Babic. En aquella reunión le ofrecieron a Drazen el dorsal que portaría en su nueva camiseta: 5, 8 y 12… Como todos sabéis Petrovic escogió el 5, número que siempre estará asociado en el Madrid al Genio de Sibenik.

Fuentes consultadas: Diario As de la época, Diario Marca de la época, varias páginas croatas y libro "Así llegué al R. Madrid, mi vida".

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