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Resulta curioso que el mejor partido de Michael Jordan como rookie fuera ante el equipo que años más tarde le daría muchísimos quebraderos de cabeza, los Detroit Pistons. Por aquel año, 1985, los chicos de Chuck Daly eran un equipo ascendente en la liga pero sin la categoría de ‘Bad Boys’, que un par de años después alcanzarían bajo el manto de un juego menos  plástico y vistoso para que lo venía siendo la NBA y que desembocaría en dos anillos consecutivos y una final perdida.

Aquellos Pistons, que ya contaban en sus filas con Isiah Thomas, Vinnie Johnson y Laimbeer, les faltaban aún varias piezas para completar su puzle ‘malicioso’: Rodman, Mahorn, Dumars, Salley, Edwards… y por tanto su engranaje defensivo no estaba completado, lo que aprovecho Jordan para su ‘vendetta’ particular contra Isiah Thomas.

Este partido se jugó justo después del famoso All-Star de la confabulación contra Michael, en el que Thomas inculcó al resto de jugadores no pasarle el balón al ‘23’ para bajarle los humos, pues según la estrella de los Pistons y algunos jugadores más Jordan desprendía cierto aroma a arrogancia y falta de respeto hacia las estrellas consagradas de la liga, ¡muy pronto empezaban las envidias de Thomas hacia Michael!

Sabedor del 'Complot de Indianapolis' y transcurridas 48 horas de aquella cita, Jordan destapó el tarro de las esencias en aquel duelo celebrado el 12 de febrero de 1985 y darle una lección sobre el parquet al ‘bueno’ de Thomas. Michael se vació literalmente sobre la pista para firmar su mejor anotación como rookie con 49 puntos (19/31 TC), añadiendo 15 rebotes y 5 asistencias en la victoria de los Bulls por 126-139, en el que el ‘23’ y su compañero Dailey anotaron 6 puntos cada uno en la prórroga.

Michael no tuvo piedad de la defensa de Thomas, lesionado en un muslo: “Sentí que Isiah estaba debilitado. Hay que analizar el punto débil de un jugador, y solamente use eso”.

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