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El Barça de la pasada temporada no llegó a enamorar en ningún momento, sin embargo fue práctico y efectivo en su juego, una obviedad por mi parte, lo que se tradujo en la consecución del título ACB. Xavi Pascual sacó de la chistera una vez más su repertorio, un tanto aburrido pero realmente eficaz, en el momento más oportuno y cuando el agua podría decirse que le llegaba al cuello, la liga era su última bala en la recamara.

El técnico blaugrana podrá gustar más o menos, podremos decir que su filosofía produce bostezo, pero lo que no podemos negar son los grandes resultados obtenidos por el Barça desde que él dirige su nave. Se le tacha de resultadista, de practicar un juego plano y de muchos corsés, pero él con una sonrisa de oreja a oreja dirá que me quiten lo ‘bailaó’: Cuatro ligas ACB, tres Supercopas, tres Copas del Rey, una Euroliga… y unas cuantas finales perdidas que, como el caso de la última Copa del Rey, podrían haberse decantado a su favor.

Pero lo que vengo a demandar o más bien creo que será el sentir de los seguidores culés, es que Pascual de una vuelta de tuerca a su filosofía y practique un juego bonito, sacando de esta manera el 200% de los grandísimos mimbres que tiene a su disposición. Pascual tendrá en sus manos el volante de un fórmula uno, y sería de juzgado de guardia que lo condujese como un utilitario. Es como si nos comprásemos un todoterreno carísimo y solo lo utilizásemos para llevar a nuestros hijos al cole, ¿Qué sentido tiene entonces ese despilfarro?

Por el bien del baloncesto y del seguidor blaugrana no es justo ni de recibo que su equipo juegue al tran-tran o se dedique a marear la perdiz durante buen tramo de la temporada (de octubre a febrero), para luego empezar a carburar dentro de un estilo un tanto resultadista y sin grandes alharacas. Es más, me perdonarán los más acérrimos seguidores de la sección y de Pascual, pero considero una falta de respeto hacia los propios aficionados del equipo y sus jugadores que su entrenador no de rienda suelta a la imaginación/talento de los Navarro, Huertas, Tomic, Abrines, Hezonja… lo que se traduciría en un juego espectacular y sin duda alguna más demoledor para sus oponentes.

Si el técnico culé soltase esa pesada carga que lastra a su equipo desde hace varias temporadas, el aficionado se lo agradecería con un Palau no tan vacío y menos críticas/palos que a veces no llega a digerir por la ceguera que a veces producen los títulos.

No hace falta recitar el plantillón que tendrá en sus manos tras las incorporaciones de Satoransky, Doellman, Pleiss y un alero por Papanikolaou, para que luego haga de alumno perezoso y estudie el día antes del examen para sacar un aprobado raspado. Pascual tiene que coger el toro por los cuernos y dar una bofetada a todos los que dicen que no es capaz de practicar un juego de bambalinas, un juego que llegue enamorar, es decir, que dentro de su filosofía de un resquicio a la inventiva del jugador, al basket de ida y vuelta, a intentar anotar un punto más que rival y no que te anoten uno menos… Pues como digo el Barça tiene arsenal de sobra para jugar a muchos puntos (al menos hasta las finales donde se juega un baloncesto de pico y pala), para ahogar a su rival a base de canastas sin necesidad de recurrir a la defensa y al baloncesto de media pista agotando las posesiones.

Pero desgraciadamente en el deporte lo que mandan son los resultados, no hay esperanza y/o futuro para otras lindezas, y mientras su ‘ideología’ le siga funcionando como hasta ahora resulta difícil pensar en un lavado de cara del nuevo Barça en pro de un juego que enganche y enamore, de ahí que le pediría a Pascual, sin renunciar a su doctrina baloncestística, que piense para el próximo curso en…

“Libertad sin libertinaje”

Con ella la vida puede ser igual de maravillosa, el basket le estaría eternamente agradecido y no desaprovecharía los grandes dones de su excelsa plantilla.

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