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Cuenta la leyenda que Drazen Petrovic fue un psicópata del entrenamiento individual, que desde bien pequeño madrugaba más que nadie para lanzar y botar una y otra vez en unos ejercicios de repetición infinita que posteriormente forjarían al mito, un mito que fue pionero de una técnica individual en Europa antes nunca vista. Cambios de dirección con dribling por debajo de las piernas y por detrás de la espalda, fintas de tiro, reversos y un maestro en el tiro tras bote. Movimientos que solo se podían imaginar en los sueños hasta su aparición en este lado del Atlántico baloncestístico.

La leyenda también relata que era un obseso del baloncesto, que vivía por y para este deporte, y que cumplía a rajatabla su lema: “hoy quiero mejorar más que ayer y mañana más que hoy”, lo que le llevó a tener un fantástico uno contra uno y un tiro perfecto y veloz que pulió especialmente en sus últimos años en la NBA.

También cuenta la leyenda, que precisamente los grandes mitos nunca mueren mientras conservemos su recuerdo en nuestras mentes y en nuestros corazones…

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