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A buen seguro que muchos de vosotr@s ya habréis leído este artículo en la revista oficial del Real Madrid, pero he querido rescatarlo para tod@s aquellos que no hayan tenido la oportunidad de hacerlo y sean fans de Nikola Mirotic…

Su nombre ya no suena ni a promesa ni a futuro. Es presente. El niño que llegó al Real Madrid en 2006 se ha hecho mayor. Europa lo disfruta, la NBA sueña con él. Pero Mirotic prefiere seguir pisando tierra firme. Jugar en el Madrid es “un regalo”. Es feliz en un club que se lo ha dado todo. Pero también es consciente de que todo lo que tiene lo ha conseguido con “esfuerzo y sacrificio” y sin olvidar sus orígenes.

"Mis padres lo han dado todo por mí. Querían que no me faltara de nada y menos en el baloncesto. Se preocupan por todo. Me pesaban casi a diario para que estuviera bien y cuando llegaba del entrenamiento, la comida estaba en la mesa" 
“De pequeño comencé a jugar al fútbol”. De España solo conocía al Real Madrid  ahora juego aquí, es curioso. Aunque me gustaba el fútbol, un día empecé a crecer y aquí estoy. Era alto y tenía buenos movimientos. Una tarde vino un amigo de mi padre a casa y nos dijo que tenía una escuela de baloncesto llamada Joker. Fui con miedo, porque no sabía nada de baloncesto. Pero salí allí con buenas sensaciones. Ese día decidí seguir adelante”, reconoce Mirotic, quien, de la noche a la mañana, cambió de deporte y conoció al hombre que más ha marcado su vida, Jadram Vujacic, su primer entrenador de baloncesto. Sus enseñanzas encuentran recompensa a diario. El hijo pródigo de la Joker School, el mismo que él moldeó, lleva el número doce en su honor. “Vujacic jugaba con él cuando era jugador. Es un número que me encanta”.

Vujacic recuerda el mejor partido de Mirotic con la Joker, cuando fueron campeones de Montenegro: “Anotó 40 puntos y cogió 20 rebotes”. Al finalizar su segundo año en la Joker School llegaron invitaciones para asistir a diversos campus: “No sé por qué elegí Zaragoza. Lo que sé es que allí me vio el jefe de la cantera del Real Madrid, Alonso de Madariaga. Dos meses después, él fue a Podgorica con su ayudante y me trajo a Madrid”.

El sueño iba tomando forma. La familia de Mirotic, quien solo tenía quince años, no dudó ante la oferta del club blanco y, en octubre de 2006, estaba en Madrid: “Venir a Madrid fue algo nuevo. Tuve la suerte de venir con mis padres, que me han ayudado mucho”. Una de las primeras personas a las que conoció a su llegada fue a Alberto Herreros, que por aquel entonces ya estaba en los despachos. La primera impresión del ex jugador fue: “Cuando lo fichamos era un niño. Un chico delgado, con brazos y piernas muy largas. Pero lo que más me impresionó fue su pasión por el baloncesto”.

"Mi época como júnior fue una experiencia muy bonita e importante. Quería demostrar que podía ser un jugador bueno"
Fue, precisamente, al llegar al club cuando Mirotic empezó a pensar que la cosa iba en serio: “Estaba en Madrid. Era mi sueño, pero nunca imaginé que pudiera jugar aquí”.
“Mi entrenador me decía que siguiera trabajando, pero no sabía hasta que punto seria verdad todo lo que me decía sobre mis posibilidades. Me dije que a lo mejor era la única oportunidad de mi vida de hacer algo importante. Y aquí estoy ahora”. El niño de Podgorica crecía. A pesar de su edad siempre jugó una categoría por encima. La progresión iba por el camino correcto. Y Mirotic tenía al mejor referente: “En los primeros partidos que vi del Madrid, Felipe Reyes era mi ídolo. Pensaba que algún día podría trabajar con él y con el primer equipo”. Y ese día llegó: “Tengo un gran recuerdo de mi primer entrenamiento. Tenía diecisiete años. Estuve asustado, pero me trataron muy bien. Luego llegó el debut contra el Murcia”. Aquel muchacho tímido y esforzado siguió la evolución esperada. Mirotic había confirmado que la decisión de traerlo había sido un acierto.

Para Joan Plaza, el entrenador que le dio la alternativa, era “un chico educado y seguro de sí mismo”. A pesar de que a su progresión no se le podía pedir más, Mirotic fue cedido al Palencia en 2009. “Cuando regresé en mayo, Ettore Messina dijo algo que recordaré siempre: ‘Les dimos un niño y nos devolvieron un hombre”.



Tras su paso por Palencia, Messina contaría con él. “Su explosión desde entonces fue brutal. Tenemos a uno de los mejores cuatros de Europa”, reconoce Herreros. Messina tuvo mucho que ver, Mirotic lo agradece: “Una tarde me dijo: ‘Sigue entrenándote como ahora, que yo te voy a buscar una oportunidad’. Eso fue en octubre y en diciembre me dio la oportunidad”. Al amparo del técnico italiano asombró a Europa, donde logró el Rising Star, que concede la Euroliga al mejor jugador joven de la competición. Ya tenía el cariño de directivos y compañeros. El Madrid fue, desde el principio, una familia para Mirotic.
"Cuando vi mi primera nómica me hizo mucha ilusión. Una parte la gaste invitando a mi familia a un restaurante. Desde que llegué mis platos favoritos son el jamón y la paella" 
Muchas de las anécdotas que ha vivido hablan de cómo es la relación con el equipo: “Fuera del baloncesto soy muy tranquilo. Me gusta pasar mi tiempo libre en casa, ir a comer. Soy muy aficionado al cine. También me gusta ir a ver los partidos de la cantera. Tengo muchos amigos, como Willy (Hernangómez)”.

La llegada de Pablo Laso supuso un paso adelante para él: “Ha cambiado mi situación. He mejorado como jugador y tengo más responsabilidad”. La relación entre el jugador y el entrenador va camino de cumplir su segundo año. Un tiempo en el que Laso ha podido comprobar el ADN del madridista: “Es un jugador ordenado para el gran talento que tiene. Va a acabar siendo una gran estrella”. El talento natural y el crecimiento del jugador blanco hacen que muchos clubes ansíen tenerlo. Juan Carlos Sánchez lo confirma: “El Real Madrid no es un club vendedor. Cuando nos preguntan por él, nosotros no damos pie a la conversación, porque ha nacido aquí y le hemos visto crecer”.

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